Tratamiento de adicciones: qué importancia tienen los grupos de pares en la sanación de las personas

Son un recurso muy valioso para que las personas que tienen una adicción comiencen a reconstruir los lazos sociales, por lo general, bastante maltrechos a causa del consumo. Ayudan a reforzar la voluntad y a internalizar el concepto de que la persona no está sola. Hablamos de los grupos de recuperación de adicciones, una herramienta terapéutica que, ya sea en el marco de una internación o de un tratamiento ambulatorio, aporta grandes contribuciones al proceso de sanación.

Me drogaba en el baño del psiquiatra. Un día, llorando, le digo: ‘Loco, vos sos el experto y yo me estoy muriendo, me estoy drogando acá en tu baño’. Él me mandó a unos grupos anónimos y ahí me cambió la vida. Me encontré con un montón de gente que se había drogado y ya no se drogaba más y ahí dije: ‘guau… no me voy a morir’. Y así empecé a parar, de un día a la vez”, explica Patricio Montani, hoy terapeuta en adicciones y con más de una década sin consumir.

“Me mandó a un grupo de anónimos y me cambió la vida. Me encontré con un montón de gente que se había drogado”

Patricio

En nuestro país existen diferentes abordajes para el tratamiento de las adicciones. Algunos de ellos incorporan dinámicas grupales, aunque no todas funcionan de la misma manera. El doctor en psicoanálisis Fabián Naparstek señala que, entre los tratamientos más populares que involucran grupos, se encuentran las agrupaciones anónimas, a la manera de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, y las comunidades terapéuticas.

“Los grupos anónimos están bastante extendidos en todo el mundo occidental. El tipo de tratamiento tiene una perspectiva religiosa, pero de ninguna religión en especial. Se plantea que hay una autoridad espiritual más alta y quienes llevan adelante el tratamiento responden a esa autoridad siguiendo un programa de recuperación de doce pasos. Plantea que la adicción es una enfermedad para toda la vida”, explica Naparstek, también profesor a cargo de Clínica de la Toxicología y el Alcoholismo, de la Facultad de Psicología de la UBA.

Otros espacios de tratamiento en el que la dinámica grupal funciona como columna vertebral son las comunidades terapéuticas. “Surgieron en la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, quienes ocupaban el lugar de autoridad eran exenfermos. La lógica es que alguien que ya pasó por eso puede ayudar a alguien que está pasando por lo mismo. Esa figura hoy sigue vigente, pero, con el tiempo, la composición de estas comunidades se fue nutriendo con la presencia de profesionales”, agrega Naparstek.

“Yo hice el tratamiento porque me di cuenta de que me estaba arruinando. Ya no tenía un proyecto de vida. No tenía metas. Tenía una relación tóxica con mi familia, nadie se me acercaba y uno se va quedando solo. Mi vida cambió totalmente. Hoy, gracias a Dios, volví a tener los valores que me había dado mi familia. Soy feliz y puedo hacer feliz a la gente que quiero”, comparte Diego, un hombre que, luego de tocar fondo con el consumo, pasó por la Fundación Manantiales, un espacio que combina diferentes modalidades de tratamiento: ambulatorio, virtual e internación.

Para definir cuál es el mejor abordaje en un caso de adicción, Naparstek hace fuerte hincapié en la necesidad de partir de un diagnóstico profesional. “Ninguno de este tipo de dinámicas permite desplegar la singularidad de cada sujeto. Por eso, hace falta una terapia individual en paralelo. De hecho, los grupos anónimos así como las comunidades reconocen que además hace falta la terapia individual”, destaca.

Lo crucial, a su entender, es evaluar qué conviene en cada caso. “Lo primero es un buen diagnóstico. En algunos casos, se hace una terapia ambulatoria y resulta, y, en otros, es necesaria la internación para proteger la integridad física del adicto y de su familia. Cada persona es un mundo. A veces parecería que algunos creen que todos los toxicómanos son parecidos entre sí. Pero mi experiencia me demuestra que nadie es más diferente a un adicto que otro adicto”, concluye Naparstek.

El tipo de tratamiento tiene una perspectiva religiosa, pero de ninguna religión en especial. Se plantea que hay una autoridad espiritual más alta y quienes llevan adelante el tratamiento responden a esa autoridad llevando adelante doce instancias de recuperación. Plantea que la adicción es una enfermedad para toda la vida.

Surgieron en la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, quienes ocupaban el lugar de autoridad eran exenfermos. La lógica es que alguien que ya pasó por eso puede ayudar a alguien que está pasando por lo mismo. Esa figura hoy sigue vigente, pero, con el tiempo, la composición de estas comunidades se fue nutriendo con la presencia de profesionales. Por lo general ofrecen tanto tratamiento ambulatorio como internación

Se recomienda que la decisión acerca de cuál es el mejor proceso de recuperación para un paciente quede a cargo de un profesional.

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