Es maestro pizzero, tiene síndrome de Down y desde las redes busca derribar prejuicios

“Son todos unos divinos”. “No pueden trabajar ni manejar su propia plata”. “¿Vivir solos? Impensable”. “¿Manejarse por su cuenta en transporte público? Lo dudo”. Esas son solamente algunas de las frases vinculadas a personas con discapacidad intelectual que Gabriela Kawaguchi, la mamá de Mateo (que tiene 26 años y síndrome de Down) estaba cansada de escuchar. Comentarios cotidianos que resumen prejuicios que, aunque en los últimos años fueron derrumbándose, continúan instalados en algunos sectores de la sociedad y son una barrera invisible pero poderosa contra la inclusión.

Desde que era chiquito, Mateo se ocupó de derribar esas falsas creencias en quienes lo conocían y, en el último tiempo y junto a su círculo más estrecho, decidieron ir por más: abrieron Amasando Prejuicios“>Amasando Prejuicios, una página de Facebook donde buscan sumar su granito de arena para generar un cambio de mirada social y ofrecen charlas en colegios e instituciones. Hoy, la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró esta iniciativa de interés por contribuir a la promoción de los derechos e inclusión de las personas con discapacidad, distinción que le fue entregada a Mateo por el legislador Matías López.

Mateo lleva adelante el proyecto junto a su mamá, Gabriela (que es la responsable de subir los posteos a la red social), y Javier Labaké, director de la Escuela de Asociación de Propietarios de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (Appyce). Allí, el joven se formó como Maestro Panadero, Maestro Pizzero, Maestro en Pastas y Salsas, Maestro Pastelero y Maestro Cocinero. En 2017, además, se convirtió en noticia cuando representó a la Argentina en el Mundial de la Pizza que tiene lugar anualmente en Parma, Italia, donde obtuvo el 4to puesto en “Pizza al Molde”, convirtiéndose en la primera persona con síndrome de Down en concursar. A partir de su experiencia, Mateo abrió la puerta, en las ediciones posteriores, a otros participantes con discapacidades intelectuales, algo que hasta ese momento no parecía posible.

Mateo con la distinción que recibió de la Legislatura porteña
Mateo con la distinción que recibió de la Legislatura porteña

El acceso a un trabajo es uno de los más vulnerados para las personas con discapacidad: solo un 32,2% de esta población en edad laboral logra acceder a un empleo, según el último estudio nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad. El objetivo del proyecto es justamente difundir la experiencia de Mateo para promover que la inclusión en el trabajo, un derecho fundamental que debe ser respetado en todas las personas con discapacidad. “Con los apoyos necesarios, con formación y voluntad, es posible”, subraya Labaké.

La forma en que Mateo fue, con su recorrido, derribando barreras, fue lo que le despertó a Gabriela y Labaké la idea de ir por más. Empezaron a dar charlas en colegios y otras instituciones donde Mateo amasa las pizzas en vivo y, mientras tanto, tiene una conversación con Labaké abierta al público. “¿Tenés novia?”. “¿Te movés solo en transporte público?”. “¿Cómo te imaginas de acá a unos años?”, son algunas de las preguntas que suelen hacerle. En esa charla informal, divertida, descontracturada, los prejuicios se van cayendo en los presentes como los frutos maduros de un árbol. “Mateo y Javier tienen una química muy linda y se genera un ambiente donde pueden difundir un mensaje de inclusión y mostrar un montón de cosas que están en las antípodas de lo que la gente normalmente cree que pueden hacer o no las persona con discapacidad”, dice Gabriela. “Al día de hoy, pasa que cuando Mateo va a tomar un helado solo con su novia o una amiga, las personas los miran como si no pudiesen creer que dos jóvenes con discapacidad se muevan por su cuenta”, detalla la madre.

Mateo recibió el diploma junto a Javier Labaké, se lo entregaron Matías López, legislador autor del proyecto que distinguió la iniciativa, y tres de los 20 coautores: María Sol Méndez, Paola Michielotto y Esteban Garrido
Mateo recibió el diploma junto a Javier Labaké, se lo entregaron Matías López, legislador autor del proyecto que distinguió la iniciativa, y tres de los 20 coautores: María Sol Méndez, Paola Michielotto y Esteban Garrido

Gabriela cuenta que Mateo nació con una cardiopatía muy severa y tuvo que ser operado dos veces del corazón. Fue a un jardín y escuela común y después continuó su formación en institutos especiales.

Mateo estaba interesado en el mundo de la gastronomía (lo que sorprendió a su familia: su mamá es docente; su papá ingeniero) y cuando Gabriela conoció a Labaké durante un evento en 2015, no dudó en encararlo. “Mi hijo quiere estudiar con vos”, le dijo. Hasta ese momento, en Appyce no habían tenido ninguna experiencia con personas con discapacidad: “Dijimos ‘animémosnos’. Por un lado hay que empezar”, recuerda hoy Labaké.

Cuenta que él también tuvo que enfrentar sus propios prejuicios: por ejemplo, al principio pensaba que no iba a ser posible para Mateo manipular algunos elementos de la cocina potencialmente peligrosos. Pero día a día, el joven fue dejando bien en claro todo lo que, con apoyos y formación, podía lograr. “Generamos un vínculo muy lindo. Siempre trabajó a la par nuestra, como corresponde. En el mundial de Parma, en su categoría salió 4to. entre 200 participantes de todo el mundo: fue una alegría enorme”, detalla el director de Appyce. Agrega que Mateo se caracteriza por ser “punta de lanza”: no solo fue el primero en el Mundial de la Pizza, sino que en Appyce y gracias a él, hoy ya hay más de 40 personas con distintas discapacidades intelectuales. Histriónico, muy coqueto, superpaciente y afectuoso. Así lo describe Labaké a Mateo: “Para participar de la categoría en la que él participó en el mundial, tenés que tener mucha perfección y delicadeza. Él entrenó cuatro meses, todos los días para poder hacerlo, y no faltó nunca”.

Mateo junto a Javier dan clases abiertas, en las que además de enseñar a amasar y cocinar, buscan derribar prejuicios relacionados con la discapacidad
Mateo junto a Javier dan clases abiertas, en las que además de enseñar a amasar y cocinar, buscan derribar prejuicios relacionados con la discapacidad Gentileza APPYCE

Actualmente, Mateo trabaja en una reconocida cadena de pizzerías (aunque desde que comenzó la pandemia no está yendo) y es integrante de Los Perejiles, un grupo de jóvenes pizzeros con síndrome de Down que ofrecen catering para eventos.

El próximo objetivo de Mateo es irse a vivir con un amigo. “Mateo tiene un trastorno del lenguaje y no desarrolló la lectoescritura. Pero puede comunicarse, tiene dos trabajos, se maneja solo a todos lados, desde ir a lo de su psicólogo hasta vóley. Tiene una capacidad de resolución de problemas impresionante”, cuenta su mamá. Y dice: “Una vez un chef muy reconocido me dijo: ‘Mateo cambió el mundo de la gastronomía’”. Mientras tanto, de su página de Facebook se proponen seguir cambiando miradas.

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