La polémica religiosa de la serie El Reino y la sentencia que lanzaron los artistas progres

El Festival de la Ofensa y la Victimización tuvo una nueva edición estos días con el estreno en Netflix de la miniserie nacional El Reino“>El Reino. Los evangélicos se ofendieron con la miniserie y emitieron un comunicado que ofendió a su vez a los responsables de la obra. En el camino, se activó el Mecanismo de Adhesiones Automáticas, que expresan “solidaridad” y “repudio” apenas suena la chicharra. Todo esto, por supuesto, a través de las redes sociales. Aunque no todo, en realidad, lo cual le da cierto interés al episodio.

Diego Peretti representa a un inescrupuloso pastor que llega a la presidencia
Diego Peretti representa a un inescrupuloso pastor que llega a la presidenciaNETFLIX

El comunicado fue firmado por Aciera, la agrupación que nuclea y organiza a las iglesias evangélicas. Sin embargo, ni en la web del grupo ni en su cuenta de Twitter se puede encontrar el escrito. Si conocemos el comunicado de los evangélicos -al que accedemos no en su totalidad sino en fragmentos publicados por la prensa- no es por su acción en las redes sociales sino por la reacción que provocó (mecanismo conocido como “Efecto Streisand”). Por el lenguaje, su escasa difusión y el tono en que fue escrito da la sensación de que fue pensado para ser leído principalmente por los fieles. Sin embargo, tomó estado público del otro lado del muro cultural por los tuits de quienes lo interpretaron como agresivo y hasta un intento de censura.

El comunicado se centra en la figura de la guionista de El Reino, Claudia Piñeiro, señalando de manera totalmente inapropiada su militancia en favor de la despenalización del aborto, dato que es totalmente irrelevante a la hora de evaluar la obra. Más allá de la a veces engañosa distinción entre realidad y ficción, Piñeiro, como escritora, no tiene ninguna obligación de ser justa y equilibrada con los colectivos que representa. Tiene todo el derecho a pintar el mundo con trazo grueso y de acuerdo con sus ideas. El arte, en general, tiene el derecho (y algunos piensan que hasta la misión) de ofender. Es esa libertad la que debería defenderse, más que utilizar la excusa de que sólo se trata de una ficción.

El episodio de la ofensa y la contra ofensa replica decenas y decenas de otros similares en la historia del entretenimiento. Lo curioso del caso es que aquí las identidades políticas están invertidas. En general, los sectores ofendidos por alguna representación venían siendo los progresistas, que impugnaban tal o cual obra por la forma en que alguna minoría estaba siendo representada.

Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro, guinista y director de El Reino
Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro, guinista y director de El ReinoPablo Franco / NETFLIX

La historia se remonta a alguna de las películas más famosas de Hollywood de la década del 90. El rodaje de Bajos instintos, el recordado policial de 1992 de Paul Verhoeven con Michael Douglas y Sharon Stone, tuvo dificultades por la acción de grupos radicalizados LGBT que, en conocimiento del guión, sentían como inadmisible que el personaje de una mujer bisexual fuera, además, representado como asesina. La organización GLAAD (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation) incluso quiso que se modificara el guión convirtiendo al personaje del detective representado por Michael Douglas en una lesbiana, y hasta sugirieron el nombre de Kathleen Turner para el hipotético rol.

Contra la tradición católica de censura y prohibición, el comunicado evangélico no fue tan lejos y -más allá de su evidente encono contra la guionista- apenas se limitó a expresar su desagrado, sin llamar a ningún tipo de acción, lo cual sí hubiera resultado inaceptable. Recordemos que los estrenos de las películas Jesucristo Superstar y Je vous salue, Marie, fueron cancelados por acciones de grupos relacionados con la Iglesia Católica, para no mencionar el boicot a la exhibición de obras del artista León Ferrari. En ese sentido, la reacción de los evangélicos fue razonablemente civilizada., incluso aclarando expresamente que no se trataba de un intento de censura sino de hacer conocer la labor evangelista para los sectores más carenciados.

Además de sobreactuar una censura inexistente, el colectivo de intelectuales progresistas recurrió a otra carta brava del mazo de las ofensas: la misoginia. Se cuestionaba que el documento mencionara solamente a Claudia Piñeiro cuando su casi tocayo Marcelo Piñeyro, además de director de la miniserie, era coguionista. Sin embargo, hay un poco de mala fe en esa argumentación. Era evidente que, de esa pareja de guionistas, Claudia Piñeiro se destacaba en el terreno literario: una novelista consagrada, con una intervención pública muy fuerte e ideas definidas. Era posible pensar que Marcelo Piñeyro, por su parte, guionista de muchas de sus películas y recordado por éxitos como Tango feroz, tenía dentro del guión una participación más relacionada con la estructura narrativa aplicada a un medio audiovisual. De hecho, las entrevistas de promoción de la miniserie estuvieron centradas en la figura de Claudia.

Así, como si tuviera sus problemas más elementales ya resueltos, Argentina se incorpora a las polémicas de las cancelaciones, propias del Primer Mundo. Lo hace por la puerta de la diestra: los ofendidos que cuestionan una obra artística son los que se asocia con “la nueva derecha”. En todo caso, evangelistas y artistas progres: ¡no se ofendan tanto!

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