El aumento de los precios de los granos inquieta al Gobierno por su posible impacto en los alimentos

commodities, sobre todo de las que exporta la Argentina, como soja, maíz y trigo”>El aumento de los precios internacionales de las commodities, sobre todo de las que exporta la Argentina, como soja, maíz y trigo, le da un respiro a la economía argentina, que recibe una inyección extra de dólares, pero para el Gobierno no son todas buenas noticias. Al igual que en el pasado, los funcionarios relacionan estos incrementos en los precios de los granos con un encarecimiento de los alimentos que se comercializan en el mercado interno. Se trata de uno de los rubros que más suben dentro del índice de precios al consumidor. Mañana el Indec difundirá el dato de abril, que estaría en torno del 3,9%.

Sin embargo, economistas consultados por LA NACION señalaron que la incidencia del valor global de las materias primas en la plaza doméstica es menor.

La más reciente referencia a esta cuestión surgió de boca de Matías Kulfas, el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, que afirmó hoy que la “suba de los precios internacionales ha impactado en los precios internos”. Estas declaraciones fueron hechas ayer ante periodistas acreditados en Casa Rosada, en momentos en que volvía a subir la cotización de la soja y en medio de un análisis sobre la problemática inflacionaria en el país.

También el ministro de Economía, Martín Guzmán, había transmitido su preocupación hace unos días: “Para la Argentina puede ser una oportunidad [el aumento de los precios de las commodities], pero queremos que ese shock no sea regresivo”. Y había advertido que si el Estado no hacía nada, el resto de la sociedad “termina enfrentando precios más altos para todo lo que está asociado a esas materias primas”.

Por su parte, el presidente Alberto Fernández dijo el viernes pasado, en una reunión del Consejo Federal Argentina contra el Hambre: “Celebro que los precios internacionales de las commodities crezcan, que la carne argentina sea tan demandada, pero no celebro que los argentinos paguemos los alimentos como los pagan los que requieren nuestros alimentos. Lo que no celebro es que la carne de los argentinos, los argentinos la paguemos como la pagan en Francia, en China o en cualquier latitud del mundo”.

En las últimas horas circularon diversos rumores sobre qué actitud podría llegar a tomar el Gobierno. Una de esas versiones indicaba que el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, habría sugerido al presidente Alberto Fernández, subir 5% las retenciones a la soja (hoy tributa un 33% el grano) para crear un fondo alimentario y subsidiar el consumo de harinas y pollo. Esto fue negado de manera terminante cerca del gobernador. “Nosotros no tenemos nada que ver con las retenciones; es un tema en el que Axel no está participando de ninguna manera ni con ningún interlocutor”, dijeron.

Sin embargo, esa preocupación oficial puede que no tenga basamento en la realidad, puesto que, tal como explican los economistas, la incidencia del precio de las materias primas en los alimentos que se consumen en el mercado local en muy pocos casos es superior al 30%. “La mitad de los productos que hay en un supermercado no tienen nada que ver con el maíz, la soja y el trigo”, indicó Juan Manuel Garzón, economista del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral).

Según Garzón, en los productos que están directamente vinculados con el maíz, el trigo o la soja, hay que ver cuál es la incidencia de esos granos en el precio final. “En los que más impacto tienen podrán representar un 30% porque hay otros costos que inciden mucho más que la materia prima, como los impositivos, logísticos o de comercialización. En el pan, por ejemplo, se habla de un 13% de incidencia del trigo. También es un 10% el impacto del maíz o la harina de soja en un producto lácteo”, señaló el economista.

En opinión de Garzón, lo que ocurre es que el país está inmerso en un proceso inflacionario que al Gobierno le cuesta controlar. “Y en ese contexto, por supuesto que es más fácil echarle la culpa al contexto internacional que a causas internas, como la emisión monetaria o el hecho de que la inflación del pasado se usa para cerrar contratos actuales [lo que se conoce como inercia inflacionaria]”, comentó.

En tanto, David Miazzo, economista jefe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), especificó que en un sachet de leche el precio del maíz tiene un impacto de solo 6,6%, mientras que en la carne de vaca es de 11%. “Claramente, la incidencia es baja. Si baja el 10% el precio del maíz, su impacto en el precio de la leche es de menos de 0,7%. O sea, con una inflación del 4% mensual, es menos de una semana de inflación”, detalló.

El economista Luis Palma Cané fue práctico al dar su parecer sobre los temores oficiales ante un posible traslado del precio de las materias primas a los precios internos. “Lo primero que hay que ver es que las commodities han subido en todo el mundo sin que la inflación en los países normales haya seguido su ritmo. Acá lo que sucede es que hay un tema político, porque la soja no pega en nada de lo que se consume internamente; el trigo puede impactar en los panificados, pero en poco porcentaje, y el maíz puede influir en la carne, pero también en un porcentaje menor”, analizó.

Palma Cané insistió en que el costo de algunos alimentos puede llegar a subir un poco por el incremento del precio de las commodities, pero destacó que eso no puede tener un peso significativo en la inflación. “Las declaraciones del Gobierno son más políticas que otra cosa, porque se montan en ese argumento para controlar las exportaciones y regular los precios de los alimentos. Es toda una parafernalia que da justificación al afán regulador. Cualquier control que pongan va a ser más perjudicial que beneficioso porque en ningún país del mundo están pensando en controlar los precios a raíz del boom de las materias primas”, concluyó.

En esa línea, Camilo Tiscornia, director de C&T Consultores, opinó que la escalada de los precios internacionales no tiene nada que ver con la inflación y, para demostrarlo, hace referencia a una comparación de la inflación de alimentos en la Argentina con la de otros países latinoamericanos. “Ahí se ve que a igual escenario internacional de suba de commodities, no en todos los países de la región la inflación de alimentos tiene la dimensión que vemos acá. Es verdad que no todos tienen la misma canasta de consumo, pero en definitiva en todas los alimentos están y a algunos les pega más aún porque dependen más de los alimentos importados que nosotros”, explicó el economista.

Para Miazzo, cualquier incremento de las retenciones al sector tendría un mínimo impacto para bajar precios de los alimentos. “El maíz representa el 11% del precio final de la carne. Si se decide subir 10 puntos a los derechos de exportación al maíz, se mejoraría el precio de la carne sólo un 1,1%, cuando la inflación mensual está cerca del 4%. Es decir, con una medida como esta se logra ahorrar, por única vez, sólo una semana de inflación”, indicó. “Algo similar sucede con el trigo y el pan: el trigo representa el 13% del precio del pan. Subir los derechos de exportación al trigo podría generar un impacto en el precio del pan de sólo el 1,3%, o sea poco más de una semana de inflación”, insistió.

Mientras tanto, en la agroindustria no se visualiza una preocupación puntual por el impacto sobre los productos finales y se percibe un esfuerzo por dejar en claro que es baja la incidencia de las materias primas sobre los valores al público. Además, se destaca que, en el caso de la soja, más del 95% se exporta y no tiene incidencia sobre los productos internos.

Con la colaboración de Fernando Bertello

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