MasterChef Celebrity: tras su noche de furia, Daniel Aráoz debió lidiar con un reto ”infantil”

En la noche del martes, MasterChef Celebrity fue el escenario de un momento de furia y tensión, y el protagonista fue el participante menos esperado. Enojado por las devoluciones del jurado y por la presión del juego, Daniel Aráoz miró fijo a Germán Martitegui, Donato De Santis y Damián Betular y, visiblemente molesto, disparó: “Lo que ustedes dicen me suena agresivo o desagradable”. Este jueves de última chance, el actor cordobés se refirió a aquel momento y le explicó al conductor, Santiago Del Moro, lo que sucedió. “Se me cruzaron los cables y, ahí, pinta la piña”, dijo. De todos modos, las vicisitudes por las que debió pasar demostraron que aquel arrebato quedó en el pasado y que Aráoz recuperó su buen humor y su capacidad para reírse de sí mismo.

En principio, los participantes del reality debieron enfrentar un reto muy particular: comida para llevar. Por eso, tuvieron que zambullirse en una batea giratoria llena de recipientes herméticos para encontrar sus respectivas tapas. Aráoz, Andrea Rincón, Alex Caniggia, María O’Donnell, “El Loco” Montenegro y Fernando Carlos, entonces, se sacaron chispas para conseguir el beneficio.

La vencedora fue Rincón y consiguió la potestad de escoger entre una serie de consignas que los demás debían seguir dentro del mercado. A algunos debía quitarles tiempo; a otros, sacarles ingredientes; y a otros, dárselos. A Araóz, el último de los elegidos, le tocó una extraña consigna: la de comprar con un pequeño changuito de juguete, y Montenegro, directamente, debió cargar los alimentos elegidos con sus propias manos.

La escena del actor llevando el diminuto changuito y llenándolo como podía despertó las risas y los comentarios de sus contrincantes, pero esta vez, él mismo se lo tomó con humor. Y todavía faltaba otro momento que lo tendría como desafortunado protagonista: la sartén en la que estaba preparando la carne para su plato comenzó a prenderse fuego.

Llegó, entonces, el momento más esperado de enfrentar nuevamente al jurado. Con dos sándwiches a los que denominó “cordobeses”, esperó sonriente las devoluciones y la alegría volvió a adueñarse del momento: primero, con un paso de comedia improvisado con De Santis y, luego, con su paciencia para con Martitegui.

Esta vez, el resultado conformó a Betular y mereció las felicitaciones del chef italiano. Pero todavía faltaba saber cómo les iría a sus compañeros. Los únicos que consiguieron devoluciones similares fueron el “Loco” Montenegro, con su pollo a la portuguesa, y Alex Caniggia, con su sándwich de bola de lomo con palta y mango. En el caso del hijo de Mariana Nannis, su creación mereció -además- que Martitegui dijera su clásico latiguillo: “¡Sape!”.

“Hoy me llevo el delantal negro con una sonrisa”, expresó el humorista al enterarse de que su plato no había sido el mejor y deberá pelear el próximo domingo por su permanencia en el concurso.

LA NACION

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