La guerra por la exportación e importación de vacunas

Es como una toma de rehenes para negociar. Así definieron ante La Nacion varias fuentes la jugada de la Comisión Europea de vetar las exportaciones al Reino Unido de las vacunas de AstraZenaca fabricadas en su territorio. La comercialización internacional de las dosis avanza en una lógica internacional inédita. La Unión Europea (UE) mantiene abierta la chance de ir más lejos y prohibir las exportaciones de unidades de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson. De esa manera tendría más capacidad para inmunizar a su propia población.

La directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, instó a la Unión Europea y a todos los demás miembros de la institución a terminar con las restricciones a la exportación de vacunas: “Esta es la única forma en que podemos obtener un flujo más libre de bienes y llevarlos a países que no tienen acceso”, dijo hace unos días. Definió como “absolutamente esencial” que no se interpongan barreras y restricciones en un momento en el que las “herramientas contra la pandemia son escasas”. Su apelación suena, a esta altura, a la frase de un exministro de Economía de la Argentina que hablaba “con el corazón” y al que le respondían con el bolsillo.

Las limitaciones que advierte la Comunidad Europea provocaron la condena de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde su sitio, Okonjo-Iweala insistió en que si restringe el acceso a las dosis, será un problema porque las variantes de las cepas “se materializan rápidamente”; por lo tanto, es en el “interés propio de cada miembro no tener estas prohibiciones y restricciones”. Apenas asumió el cargo indicó que, en lo inmediato, su prioridad es utilizar el comercio para ayudar a combatir la pandemia y asegurar el acceso a las vacunas. Se reunió con ejecutivos de Johnson & Johnson y AstraZeneca Plc para analizar la posibilidad de acceso a las vacunas de los países más pobres a través de acuerdos de licencia que protejan los derechos de propiedad intelectual.

Por el momento, el esquema profundizado por la UE es el denominado “Mecanismo de Autorización y Transparencia”. Se había adoptado en enero, pero se endureció en los últimos días. Las empresas que fabrican vacunas en ese territorio y que se utilizan en el bloque -AstraZeneca, BioNTech/Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson- deben pedir autorización para exportar dosis hacia países fuera del bloque. El pedido se realiza al país donde está la planta, pero la decisión final es de la Comisión Europea. El “endurecimiento” consiste en que se evalúan las necesidades del destino en función a su cantidad de casos, estrés sanitario y tasa de vacunación. Si el receptor cuenta con una fábrica, también se sopesa que conducta tiene hacia la UE.

Es tan inédita la situación que hasta se baraja el tema de anular las patentes, de avasallar la propiedad intelectual a compañías privadas

Voceros de la Comisión Europea insisten ante La Nacion en que no hay “prohibición” de exportación. En el caso de que haya bloque, esa carga no se entrega a los países de la UE y es el laboratorio el que decide qué hacer. La Comisión cortó las exenciones otorgadas en un comienzo a 17 países no pertenecientes a la UE; busca que las empresas no puedan eludir una prohibición enviando dosis a través de canales fuera del bloque. La medida no se aplica al fondo Covax, que es el mecanismo coordinado por la OMS y del que participan actores públicos y privados para garantizar la equidad en el acceso a las dosis; cuenta con acuerdos de compra de algo más de 2.000 millones de dosis. Por ejemplo, en el caso del contrato de la UE con la alemana CureVac, se prohíbe revender, exportar o donar dosis sin autorización de la empresa. No es un caso en solitario.

Patentes en debate

La discusión sobre las patentes, por ahora, es en abstracto dice Patricia Salama, asociada del área de patentes de Elzaburu y doctora en Biología Molecular y Bioquímica por la Universidad Autónoma de Madrid. “¿Liberar qué?; las patentes no están conferidas porque el trámite lleva unos 18 meses (hay concesiones más rápidas en casos de emergencia). Lo que hay es una protección provisional que es la que obtienen las empresas desde que inscriben. Hablar de liberalización no tiene sentido porque no hay ninguna norma para obligar a los laboratorios a que revelen sus fórmulas”.

Salama, incluso, repasa que Pfizer y Moderna desarrollaron la novedad del ARNmensajero (no inyectan el germen atenuado o inactivado del virus), mientras que AstraZéneca emplea el esquema tradicional: “Hay que tener en cuenta los detalles porque puede que haya ya inscripciones, incluso de otros”. Lo que sí existe en muchos países es la posibilidad de expropiar las patentes esgrimiendo razones de utilidad pública. “Hay que pagar al privado y sólo se puede hacer en una situación excepcional y justificada”.

“Es tan inédita la situación que hasta se baraja el tema de anular las patentes, de avasallar la propiedad intelectual a compañías privadas –dice Conrado Estol, neurólogo, director y fundador de la “Unidad de ACV” del Sanatorio Güemes- para que cualquiera con capacidad fabrique. No va a suceder, pero es un termómetro de lo que está pasando”.

Respecto de la posibilidad de “genéricos” para las nuevas vacunas, la experta subraya que en la mayoría de los países del mundo rige la “exclusividad de datos” –lo que es independiente de las patentes- para proteger la innovación. Grafica con que si un laboratorio tiene esa exclusividad y otro pide hacer un genérico “ni siquiera se evalúa el dossier” hasta que pase el período que determina la ley (una media de ocho años). Salama subraya que el problema de fondo no pasa por patentes y genéricos, sino por la capacidad de fabricación en el volumen requerido.

Unitaid, una iniciativa internacional que data del 2006 y promueve el acceso al tratamiento de enfermedades como el sida, la malaria y la tuberculosis en poblaciones de países en vías de desarrollo, creó el Fondo Común de Patentes de Medicinas por el que las farmacéuticas pueden ceder sus derechos de forma voluntaria. Sobre ese antecedente, la OMS, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (Cepi) y la Alianza para Vacunas (Gavi) entienden que se podrían impulsar herramientas para fabricar vacunas a mejores precios.

En el caso del coronavirus, hubo Estados y organizaciones sin fines de lucro que financiaron las primeras fases de investigación de las vacunas, pero a medida que se avanza en el desarrollo, la mayoría pasan a ser propiedad privada de laboratorios. Si bien la OMS sostuvo que los acuerdos de comercio y propiedad intelectual debían adaptarse para que la inmunización estuviera al alcance de todo los países, la asamblea del organismo no declaró a la vacuna como bien público global.

Peter Maybarduk, director de Acceso a las Medicinas de Public Citizen -un grupo de expertos sin fines de lucro que trabajan en defensa de los derechos del consumidor y tienen sede en Washington- dice a La Nacion que lo que está pasando con las vacunas se asimila al “aparteid” que se dio en Sudáfrica hace décadas: “El acceso depende de dónde vives; hay restricciones no sólo en cómo compartimos dosis sino en el tipo de tecnología a la que se accede. El valor real está ahí, porque eso es lo que da seguridad. Con las patentes protegen su innovación pero, además, manejan información confidencial que no estamos conociendo los ciudadanos del mundo”.

La propuesta que hacen es “compartir el conocimiento y la tecnología a nivel mundial, abrir los libros y proveer asistencia técnica a laboratorios de distintos países” y que las naciones más ricas junto a la OMS establezcan “nodos” de producción en las regiones más pobres. “Hay avances de este proyecto, pero todavía no hay garantías de quiénes controlarán esos nodos que no sólo los pensamos para esta pandemia sino también a futuro”. Public Citizen entiende que esta es la alternativa para en un año “avanzar en la solución definitiva” del coronavirus.

Reglas alteradas

Hay tres vías claves para comprar vacunas que tienen los gobiernos del mundo: directamente a las farmacéuticas; a organismos regionales como la UE y al Covax. En este último caso, hay Estados –como el argentino- que acuerdan tanto con ese fondo como con fabricantes.

Desde dos laboratorios argentinos de primera línea consultados por La Nacion coincidieron en que el actual esquema de comercio de vacunas para coronavirus es algo no habitual ya que no hay venta, por el momento, a través del mercado privado. Las negociaciones dominantes son de empresas con el sector público e incluso las aprobaciones son veloces por la emergencia. Las únicas “reglas” que se emparentan con lo habitual es la necesidad de la aprobación por las autoridades regulatorias y el registro pertinente.

Lo más parecido que sucede con otras vacunas respecto a la actual situación es que hay países que compran a través de Unicef y del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud. “En general se trata de naciones más pobres que en ese esquema tienen la posibilidad de negociar precios preferenciales por mayor volumen”.

Estol insiste en que no se pueden buscar puntos de comparación con lo “usual” porque el mundo está en una emergencia de salud pública sin antecedentes. Para dimensionar grafica con un ejemplo: Brasil era líder en inmunización, en 1980 vacunó a 17,5 millones de personas en un día contra la polio y ahora el instituto de investigación australiano Lowy lo considera el peor inmunizador. El experto en comercio internacional Marcelo Elizondo acuerda con el médico: “Hay una ruptura del orden internacional, un ejemplo es que hay fondos internacionales que invirtieron en vacunas no aprobadas; eso es absolutamente nuevo”.

Reflexiona respecto de la reacción europea en que la zona tiene fábricas importantes -especialmente en Bélgica y Holanda- y en determinado momento vieron que “producían millones, ellos recibían pocos y otros mucho más como Israel y Estados Unidos”. La disputa ahora se centra en una planta holandesa dirigida por Halix, subcontratista de AstraZeneca, con acuerdos para proveer tanto a Europa como a Gran Bretaña, claro que podría extenderse a otros laboratorios, por caso se proyecta que hasta agosto el gobierno británico reciba 16,5 millones de dosis de Pfizer desde Europa.

La reacción de Ursula von der Leyen, la alemana presidenta de la Comisión Europea ante la falta de dosis, fue advertir que bloqueará las exportaciones. Su propuesta logró el apoyo de Emmanuel Macron. ¿Cómo podría responder el Reino Unido? Bloqueando la salida de su territorio de un insumo clave para Pfizer, medida que no sólo afectaría a la Unión Europea. Estol enfatiza que si esas estrategias que se están evaluando se concretan, afectarían a la Argentina ya que las AstraZeneca que se recibirán por el esfuerzo Covax se producen allí.

La geopolítica cuenta

Estados Unidos ya frenó las exportaciones de vacunas a la Unión Europea, en cambio la administración de Joe Biden adelantó que México y Canadá están primeras en la lista de los países que podrían recibir dosis fabricadas en su país. Las salidas del producto se autorizarán cuando la propia población esté suficientemente inmunizada. Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, en varias oportunidades admitió que recibieron solicitudes de vacunas pero que hasta ahora las negaron. Estados Unidos compró dosis 500 millones de personas de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson y ordenó también para 150 millones de AstraZeneca, empresa que aunque produce en ese territorio no pidió todavía autorización a la FDA.

India también suspendió temporalmente todas las grandes exportaciones de la vacuna de AstraZeneca producidas por el Serum Institute, el mayor fabricante del mundo); lo resolvió para satisfacer la demanda interna ante el aumento de contagios. El laboratorio fabrica unas 70 millones de dosis mensuales y planea llegar 100 millones en breve.

“Un mecanismo alternativo sería que los gobiernos impulsen a los laboratorios a encontrar un partner local para producir más”, sugiere Salama. Elizondo reconoce que es un camino posible, pero “no se puede obligar, sino incentivar”. Aplica en ese caso el de Estados Unidos que no sólo aportó directamente recursos a laboratorios sino que “garantizó compras adelantadas, lo que es una especie de subsidio indirecto para la producción”. Los precios de las dosis son un secreto más de los varios que tienen los acuerdos.

Para los especialistas que conversaron con La Nacion, en la “urgencia” que rige las negociaciones los criterios geopolíticos y diplomáticos tienen un rol que no se da en otras situaciones. Elizondo plantea que Estados Unidos “privilegia” a Canadá y México porque son países con los que comparte intereses económicos mientras que en Latinoamérica, Chile avanzó más velozmente en la compra con farmaceúticas por fuera de China y Rusia. Estol da un ejemplo más: el que fuera el bloque del Este europeo –con alto registro de mortalidad- compró a los rusos y a los chinos, mientras que sus vecinos de bloque no los privilegiaron.

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