Alfredo Leuco: ”El falso garantismo asesinó a María Rosa”

El autor material del asesinato de María Rosa Daglio es Miguel Ochoa. De esto no hay dudas. Todos vimos cómo el motochorro la arrastró por el piso para robarle la cartera.” class=”com-link” data-reactroot=””>el motochorro la arrastró por el piso para robarle la cartera.

María Rosa, de 56 años, murió por los golpes recibidos. Era psicóloga social, solidaria, llena de proyectos de vida, madre de cuatro hijos y abuela de dos nietos. Ahora está muerta. Se te estrujaba el alma al ver a Pilar, su hija, rogando que le dieran cadena perpetua, condena que -seguramente- no le darán. Hannah, otra de sus hijas dijo que el juez que lo liberó “tiene las manos manchadas en sangre”. Dijo: “Si no hubiera firmado eso, yo estaría con mi mamá”.

Esto solo ya es gravísimo. Pero es mucho más grave todavía, si sumamos a los autores intelectuales que por acción u omisión fueron cómplices del asesinato de María Rosa. Hablo de los jueces Víctor Violini y Marcelo Riquert y del exmiembro de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni.

La pandemia de inseguridad, el aumento de crímenes, robos e impunidad nos obliga a ir a fondo. Veamos la cadena de irresponsabilidades. Que los organismos correspondientes decidan si estos magistrados merecen un juicio político y su posterior destitución.

Víctor Violini es responsable porque fue el que dictó una resolución en la Cámara de Casación Penal que fomentó la liberación masiva de delincuentes de las cárceles. Fue integrante del delirio del cristinismo que siempre está a favor de los violadores de la ley y generó el clima y las normas necesarias para abrir las puertas de las cárceles en forma frívola y perversa.

El actual viceministro de Justicia, el exespía, Juan Martín Mena, también hizo su aporte a esta salvajada cuando resolvió propiciar de un plumazo la liberación de 350 presos después del motín de la cárcel de Devoto. Esos días tenebrosos fueron una orgía repugnante de suelta de asesinos, ladrones y violadores que solamente se frenó con la masiva protesta social de los cacerolazos ciudadanos y la presentación que hizo Usina de Justicia en la Corte bonaerense.

Le aclaro que Violini sigue en su cargo, pese al pedido de juicio político que también le formuló Usina de Justicia. Hace casi un año que el trámite duerme el sueño de los justos en la Secretaría de Enjuiciamiento (bueno, en este caso sería el sueño de los injustos). Violini está orgulloso de lo que hizo pese a que ninguno de esos presos volvió a la cárcel, a que muchos de ellos volvieron a delinquir y que casi no hubo casos de Covid en las cárceles. Porque esa era la excusa. El virus podía contagiar a los presos.

Marcelo Riquert es responsable. Porque fue el que puso la firma para liberar al asesino Miguel Ochoa y darle la prisión domiciliaria pese a que su condena establecía que debía estar en el penal de Batán hasta el 16 de agosto de 2014. ¿Se entiende? Este forajido recién debía salir en agosto de 2014. El juez Riquert lo mandó a su casa pese a su larga trayectoria en el hampa. Ochoa cometió una docena de delitos. El primero fue en 1990. ¿Se da cuenta? Hace 31 años que Ochoa viene robando. Seguramente fueron muchos más atracos, pero esos son los que se le pudieron probar. Tiene una causa por atentado a la autoridad y fue condenado a 8 años y 4 meses de prisión después de haber asaltado a Giovana. El caso fue muy similar al de María Rosa. Este energúmeno se especializaba en atacar a mujeres solas. Utilizó el mismo mecanismo. Y cuando Giovana cayó, su brazo quedó metido entre la cadena y el piñón de la moto. Tuvo múltiples fracturas (como María Rosa) pero logró salvar su vida. “Me quiso asesinar”, declaró ayer Giovana.

El juez Marcelo Riquert es responsable porque integra la Cámara de Apelaciones y Garantías de Mar del Plata junto al doctor Esteban Viñas y es la preferida de todos los delincuentes porque es vox pópuli su facilidad para favorecerlos. Riquert le dio el privilegio de la domiciliaria a Ochoa porque (según dijo) tenía una enfermedad pulmonar y una infección urinaria. El Servicio Penitenciario había desaconsejado su liberación. Pero a Riquert le pareció que los cursos de yoga y ajedrez que Ochoa hizo en la cárcel habilitaban que se fuera como pancho por su casa. Lo que hicieron los jueces Violini y Riquert es de una gravedad institucional tremenda. Fomentan la inseguridad. Defienden y buscan beneficiar siempre a los victimarios. No piensan en las víctimas. ¿Qué le van a decir ahora a sus hijos, que soltaron a Ochoa, el asesino de María Rosa? ¿Su conciencia les permitirá dormir tranquilos?

Ochoa ayer se negó a declarar y lloraba frente al fiscal al que le dijo “no quiero morir en la cárcel”. Pero mató a María Rosa.

Y finalmente, Eugenio Zaffaroni es responsable. No es el único, por supuesto, pero es el líder espiritual de la justicia cristinista y el fundador o mayor difusor de una doctrina que siempre castiga a las víctimas. Con una fiebre de ideologismo, siempre ve potenciales revolucionarios explotados por la sociedad capitalista en todos los delincuentes. Se autopercibe progresista por eso. Y es lo más reaccionario que se pueda encontrar. La inmensa mayoría de las víctimas es gente humilde, trabajadora que no tiene las herramientas para defenderse de los malandras que les hacen la vida imposible. Zaffaroni tiene un prestigio académico que no merece. Hizo mucho daño con sus teorías abolicionistas y atravesó varias generaciones de abogados que se formaron en esa doctrina claramente injusta.

Violini y Riquert abrevan en esos disvalores que instaló Zaffaroni. Diana Cohen Agrest, dijo ayer que “es fácil ser generoso con la sangre ajena”. Y que “muchos jueces matan con la lapicera”. Diana es filósofa y tiene autoridad intelectual para decirlo porque es presidenta de Usina de Justicia. Y tiene autoridad moral porque su hijo Ezequiel, de 26 años y estudiante de cine fue asesinado hace diez años en una entradera en Caballito.

Zaffaroni diseminó por el país muchos jueces, no todos por suerte, que están a favor de la pena de muerte, pero de las víctimas. Como María Rosa Daglio, que es una víctima. Ochoa la asesinó pero Zaffaroni, Violini y Riquert fueron cómplices intelectuales.

De una vez por todas, hay que juzgar a los jueces que matan por segunda vez a las víctimas y que buscan siempre vericuetos legales para premiar a ladrones, violadores y asesinos.

Cohen Agrest nos dijo que la pandemia de inseguridad es tan grande y crece tan rápido, que somos un pueblo que se está desangrando.

Los hijos y los nietos de María Rosa lo sufrieron en carne propia. Tienen un agujero negro de luto en el corazón. Reclaman juicio y castigo al culpable. Juicio y castigo a Ochoa, el asesino que debía estar preso tres años más y que el falso garantismo liberó. ¿Es tan difícil comprender esto? Que los delincuentes deben ser castigados y cumplir sus condenas. La Argentina es uno de los pocos países del mundo en los que se apaña a los delincuentes. Zaffaroni lo hizo.

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