Ganancias: tensión y duras pujas entre el oficialismo y la oposición por la sesión convocada para el sábado

Pocas veces en la historia reciente el Congreso sesionó un fin de semana. Sólo una situación de emergencia ha ameritado una convocatoria de esta naturaleza: por caso, la última vez que lo hizo fue durante los turbulentos días de enero 2002, cuando el país sucumbió en sus peores crisis económicas y sociales. Veinte años después, el bloque oficialista de diputados que conduce Máximo Kirchner llamó a sesionar este sábado. No lo hizo acuciado por una emergencia; lo motivó, más bien, la necesidad de neutralizar una jugada de la oposición y mantener el control de la agenda legislativa.

En efecto, el proyecto más importante previsto en el temario es el que propone eximir del pago del impuesto a las ganancias a los asalariados con sueldos hasta $150.000 mensuales; una iniciativa que beneficiará en lo inmediato a poco más de un millón de trabajadores y que el oficialismo, con Sergio Massa a la cabeza, enarbola como bandera en el arranque del calendario electoral. La oposición anticipó su apoyo en general, por lo que la aprobación de la iniciativa no corre riesgos.

La pregunta, entonces, es: ¿por qué decidió convocar a una sesión el próximo sábado? La respuesta es política y tiene que ver con la dura pulseada entre el oficialismo y un sector de la oposición por el manejo de la agenda parlamentaria.

Los diputados de Juntos por el Cambio y el lavagnismo convocaron a una sesión especial para mañana para prorrogar el régimen de promoción de los biocombustibles, una actividad fundamental en la economía regional de media docena de provincias. Detrás de esta norma se mueven intereses millonarios y decenas de miles de puestos de trabajo; por ello el oficialismo en el Senado había logrado que la prórroga de la norma se aprobara por unanimidad el año pasado. Sin embargo, al aterrizar en la Cámara baja el proyecto tuvo un freno abrupto: el Gobierno, presionado por el lobby de la industria petrolera, anticipó que impulsaría un nuevo régimen de biocombustibles, de la que sólo trascendió un borrador.

Con esta promesa, Kirchner logró contener –por ahora- la presión de los diputados de su propia tropa que pugnaban por prorrogar el régimen actual de promoción. Sin embargo, no logró desarticular el pedido de sesión especial de mañana convocada por Juntos por el Cambio y los diputados del lavagnismo, los cordobeses que responden al gobernador Juan Schiaretti y del socialismo de Santa Fe.

Ante la amenaza cierta de que la oposición lograse el quorum en el recinto –lo que iba a significar un fuerte golpe para el bloque oficialista y la Casa Rosada-, la cúpula del Frente de Todos, con Massa y Kirchner a la cabeza, iniciaron una doble tarea: por un lado, buscaron “disuadir” a los legisladores de bloques afines para que no concurriesen a la sesión opositora del jueves. Confían en lograr su objetivo: los tres diputados misioneros enrolados en el Frente de la Concordia y el peronista salteño Andrés Zottos, que en un primer momento habían insinuado que darían quorum, se bajarían de la sesión. Son cuatro legisladores clave que impedirían que la oposición se alce con el triunfo.

En paralelo, Massa y Máximo convocaron a sesionar este sábado para discutir la reforma del impuesto a las ganancias. La decisión descolocó a Juntos por el Cambio y, de inmediato, se desató una guerra de sesiones especiales: los opositores reclamaron que, en lugar de sesionar un sábado –por demás atípico-, se adelantara el debate sobre ganancias para mañana a la tarde, después de discutir la prórroga del régimen de biocombustibles.

Massa rechazó la contrapropuesta opositora con un argumento sanitario: para mañana no todos los legisladores habrían cumplido con el hisopado de rigor. Sin embargo, la verdadera razón es la sempiterna disputa entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio por el control de la Cámara de Diputados. Los opositores mantuvieron en pie su sesión especial con la esperanza de asestarle un golpe al oficialismo. Por eso rechazaron la oferta que les había acercado Massa de postergar el debate sobre biocombustibles al 12 del mes próximo.

Ofuscados, Massa y Kirchner reaccionaron y buscaron neutralizar la avanzada opositora. De inmediato llamaron a sesionar el sábado para vaciarles mañana el recinto.

“El nuevo impuesto a las ganancias merece un debate serio y que no quede salpicado por las maniobras que quiera instalar Juntos por el Cambio”, explican en el oficialismo. Y retrucan: “Son minoría y creen que va a manejar la agenda. Se pasan de vivos. Que vengan a trabajar un sábado”.

Indignados, Mario Negri (UCR), Cristian Ritondo (Pro) y Juan Manuel López (Coalición Cívica) insistieron en su pedido de debatir mañana con el temario completo. Le exigieron a Massa cumplir con el reglamento y que convoque a sesión. El tigrense debió acceder, pero mantuvo en firme la sesión del sábado

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