Vulnerables: cuántas personas están cerca del límite de la pobreza

La caída de la actividad económica y la dinámica de los rebotes posteriores, que suelen ser recuperaciones no sostenibles y no atadas a inversiones significativas, van dejando sus marcas en la calidad de vida de personas y familias. Una mayor tendencia al cuentapropismo, principalmente en la economía informal y tantas veces precaria en extremo, incrementa el número de quienes viven en situación de vulnerabilidad, incluso sin estar necesariamente en la pobreza según los índices oficiales. La cuarentena y la pandemia agravaron esa situación.

Un informe estadístico elaborado por la Cátedra Unesco sobre cuestiones sociales del Instituto Torcuato Di Tella, sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, indica que seis de cada diez personas que viven en los centros urbanos del país estaban, en el tercer trimestre de 2020, en situación de vulnerabilidad, entendiendo por eso que sufren una de tres condiciones: son indigentes (10,6%), son pobres no indigentes (28,1%), o habitan en hogares donde los ingresos percibidos se ubican en no más de 50% por arriba de lo necesario para estar al margen de la pobreza (20,7%).

Ese índice de vulnerabilidad por ingresos, de 59,4% en el tercer trimestre de 2020, había trepado a 66,4% en los tres meses previos (abril a junio), el período en el que impactó la cuarentena más estricta; entonces, la prohibición de hacer ciertas actividades económicas afectó de manera mucho más pronunciada, entre los trabajadores, a los informales. En el tercer trimestre de 2019 el índice había sido de 53%, un nivel también muy alto y claramente indicativo de la frágil situación social sobre la que se dieron los efectos de la crisis que trajo el coronavirus.

En el conurbano bonaerense los indicadores son más graves: la vulnerabilidad, según el criterio ya explicado, alcanzó al 66,6% de la población en el tercer trimestre y al 78,8% de los jóvenes de entre 15 y 24 años. En el conjunto de centros urbanos del país, el 72,2% de los habitantes de esas edades estaba en hogares vulnerables.

En el mercado de trabajo hubo el año pasado una fuerte caída de la tasa de actividad (porcentaje de personas que tienen trabajo o que buscan y no encuentran) y una fuerte pérdida de puestos informales. El primero de esos hechos explica por qué la tasa de desempleo no subió más: “Si se hubiera mantenido la tasa de participación laboral, tendríamos una desocupación de 19%”, dice Guillermo Pérez Sosto, coordinador del citado centro de estudios. El segundo de los fenómenos es la razón por la cual se redujeron los porcentajes de trabajadores no registrados sobre el total.

En el total de centros urbanos, el índice de asalariados sin aportes, que antes estaba en alrededor de un tercio, bajó a 23,8% en el segundo trimestre de 2020 y repuntó al 28,7% en el tercero (por algún rebote que hubo en la actividad con la flexibilización de la cuarentena). Y la tasa de informalidad, que considera a los dependientes y a los cuentapropistas, de 51,2% en 2019, cayó hasta 41,3% y luego pasó a 48,5%: eso habla de la creación de puestos sin registro y con escasa estabilidad.

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