Francisco Ramos Mejía, el estanciero que promovió la convivencia pacífica

La chacra de Los Tapiales está cargada de significados, historias y transformaciones ocurridas a través del tiempo. Como ya se ha destacado en esta misma sección, fue importante la actividad desarrollada por Martín José de Altolaguirre, cuando se transformó en un centro de experimentación y de innovación para el desarrollo de la agricultura.

En 1808 pasó a manos de Francisco Ramos Mejía (1773/1828). Su casamiento con María Antonia de Segurola le aportó la buena dote de 150.000 pesos, más plata labrada y joyas y le permitió comprar la chacra de Los Tapiales. Se le autorizó a no pagar impuestos al “Gremio de Panaderos por la cortedad de sus amasijos, destinados a su familia y al despacho de una pulpería que mantiene en lugar separado de toda comunicación…”

Ramos Mejía fue un estanciero innovador y un pionero del movimiento colonizador, ensayando la convivencia pacífica con los indios de la toldería. Se atrevió a traspasar la respetada frontera del río Salado, y como aún le quedaban recursos de la dote, les compró parte de sus tierras para el gobierno.

Le pidió que lo acepten, que él no intentaba radicarse como usurpador sino como un vecino legal. Les facilitaría las viviendas y les enseñaría los trabajos del campo. Fue un verdadero Trato Pampa con ese “Huinca” que se instaló en 1816 con su familia y cincos gauchos en la laguna Kakel en el partido Monsalvo, hoy Maipú. Así fundó la estancia Miraflores que resultó ser un establecimiento próspero y rentable. Según Alvaros Barros, les había comprado 70 leguas cuadradas a razón de 14 pesos fuertes la legua, medidos por los indios según lo que pudieran galopar un caballo en un día. Plantaron robles, cedros, castaños y frutales. Les enseñó a utilizar el caballo para arar, allí sembraron trigo, cebada, lino y maíz.

En Miraflores no se conocía la palabra malón. Don Pancho impuso una triple disciplina de trabajo, convivencia y de creencia que obligó a cumplir. Se los trataba en pie de igualdad con los gauchos. También comenzó una campaña evangelizadora a su estilo y manera y les predicó la religión cristiana. Y afirmaba “No hay Patria a favor de los cristianos sin los Indios…”. Los sábados debían concurrir a los oficios religiosos.

El carismático estanciero tuvo muchos ataques de la iglesia por su tarea evangelizadora como el padre Castañeda y de las autoridades. Argumentaban que no era un seguidor ortodoxo de la religión cristiana. Levantaba miradas suspicaces y severas críticas. Lo acusaron de ser un heresiarca blasfemo.

El gobernador Martín Rodríguez, se dijo que “atacado de celos”, interrumpió en 1821 estas relaciones pacíficas con los indios: le he intimado a Ramos que con toda su Familia viaje a esa capital en el perentorio término de seis días y que a su llegada se presente a VS. … Él ha dado prueba de una amistad tan estrecha con los Salvages… trabaja con tesón en hacer desaparecer de este Distrito la Religión y lo ha conseguido entre la mayor parte de sus habitantes…” Lo confinó a vivir en Los Tapiales, desde donde dirigió a sus dos establecimientos ayudado por sus leales servidores. Quebrado y amargado falleció en 1828. Rodríguez tuvo un arrepentimiento tardío, ya exilado en el Uruguay, cuando se enfrentó a Rosas.

Los hijos y los yernos de Ramos Mejía, eran unitarios y por su parentesco y vínculos con Lavalle, después de la Revolución de los Libres del Sur, le fueron confiscados sus bienes en 1840 y los recuperaron después de Caseros en 1853.

Maria Antonia muere en Los Tapiales en 1860. La chacra se dividió entre los cuatros hijos supérstites. El casco de la chacra por su tipología rural y su valor patrimonial fue declarado por Decreto Nacional N°120.411/1942 Monumento Histórico Nacional. Y hay más historias para evocar.

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