Marcel Vaillant: ”La flexibilidad está prácticamente consagrada”

Uruguay buscará en la cumbre de los 30 años del Mercosur lograr flexibilidad para negociar acuerdos comerciales con otros países, lo que no se ha logrado hacer junto con los socios.

Las gestiones del presidente Luis Lacalle Pou generaron expectativa en el ámbito empresarial y académico, y en eso incide lo transmitido por los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y de Paraguay, Mario Abdo Benítez. Pero falta saber qué dice la Argentina y en Uruguay preocupa que en Buenos Aires persistan reflejos proteccionistas, y con eso se fundamente que hay que esperar para flexibilizar el Mercosur.

El referente económico de gobierno de 2005 a 2020, Danilo Astori, como ministro y vicepresidente de la República, insistió mucho en esta iniciativa. “Debemos seguir luchando por una flexibilidad”, decía cuando era el vice de “Pepe” Mujica. Tabaré Vázquez no lo consiguió y tampoco Mujica, que creyó que en cercanía con los Kirchner lograría un Mercosur más abierto.

Y el actual presidente tiene el mandato de la campaña electoral, con cinco partidos que se coaligaron para ganar en 2019 y que ahora reclaman que el Mercosur habilite acuerdos extrarregión. Lacalle Pou cree que en buen diálogo con Bolsonaro y con Alberto Fernández, ahora sí será posible.

Uno de los principales referentes en integración comercial de este país, el doctor en Economía y profesor de Comercio Internacional de la Universidad de la República, Marcel Vaillant, dijo a La Nacion que el Mercosur no puede postergar una flexibilización para negociar acuerdos con terceros países.

–¿Por qué cree que se demora una apertura comercial del bloque?

R–Las posturas contrarias a la flexibilización son ideas muertas que de tanto en tanto renacen, y para oponerse se habla de los primeros artículos del Tratado de Asunción, que inspiran la construcción de un mercado común y que serían violados por esta nueva iniciativa de flexibilización. Ahora; el statu quo del Mercosur a sus 30 años de vigencia maltrató a esos artículos de forma reiterada y además creciente.

–¿Cuáles son los ejemplos?

– Listemos algunos de los maltratos: los impuestos a las exportaciones que aplica la Argentina desde el fondo de la historia, constituyen un evidente obstáculo al comercio intrarregional y tienen un efecto análogo a un arancel. Además, su uso escalonado altera la protección efectiva y se convierte en un instrumento de política industrial muy agresivo para sus socios. Hay una zona de libre comercio que no aplica a todo el universo de bienes; porque por ejemplo no están disciplinados el comercio del sector automotriz y del azúcar.

–¿Y sobre unión aduanera?

–La circulación en el comercio intrarregional se hace con régimen de origen, instrumento que sería innecesario en una unión aduanera dentro de un mercado común. Lo anterior ocurre porque la política comercial común no es tal; el arancel externo común es una mentira bien guardada. La mayoría de los escasos acuerdos preferenciales con terceros, suscriptos por el Mercosur, se hicieron sobre bases bilaterales. En los hechos, la flexibilidad ya está parcialmente consagrada.

Hay un conjunto de barreras no arancelarias en el intercambio intrarregional, que cada tanto decimos que vamos a sacar, pero después no se hace; son anuncios con una credibilidad baja. Y el sistema de solución de controversias no existe; hay escasos laudos que son letra muerta.

–¿Y sobre el comercio dentro del bloque?

– Eso transcurre con una telaraña de regímenes especiales que dan las condiciones para que el exiguo comercio ocurra: régimen automotriz, zonas francas, admisiones temporarias, entre otros. Y no mencioné las disciplinas que no tenemos; las que deberíamos tener en el caso de que la trayectoria hubiera sido hacia la construcción de un mercado común: liberalización de servicios, comercio electrónico, inversión, compras gubernamentales, competencia, propiedad intelectual, medio ambiente, laboral, entre otros.

–¿Por qué no hay avances en esos temas?

–En la región hay una práctica en la que tenemos maestría; el Mercosur recuerda el cuadro de Magritte Ceci n’est pas une pipe (alude a la obra icónica del pintor surrealista belga, sobre la confusión de una imagen de una pipa y la aclaración de que no lo es). Y creo que todos somos culpables de este resultado. Quienes estamos a nivel de las razones, porque en buena parte del proceso realmente nos confundimos y creímos estar construyendo algo distinto de lo que hacíamos. Los gobiernos tuvieron una responsabilidad, las cancillerías llevaron el fardo de seguir dando pedal en la bicicleta para que no se caiga y fue lo que hicieron. Sin conducción estratégica gobernando el día a día. Resultado es lo que tenemos.

–¿Hay responsabilidad compartida?

–Los países líderes, Brasil y la Argentina, son las economías emergentes más cerradas del planeta, y, por otro lado, la estructura del arancel nación más favorecida es la más anacrónica que existe, con más de once alícuotas y enorme dispersión en la protección efectiva. Los países pequeños, por las restricciones que les impone el tamaño, buscaron gestionar esta protección perforándola de distintas formas. Y eso también se hizo práctica en las economías grandes.

Hoy el comercio intrarregional es reducido y frágil, porque los países son cerrados. Cuando los países se cierran con terceros, se cierran entre sí y fue lo que pasó. Cambiar el rumbo implica empezar a funcionar como un acuerdo plurilateral moderno que esté adaptado a las capacidades de nuestros países.

–¿Y hacia afuera del bloque?

–En materia de relación con terceros, hay que considerar el modelo de la Asociación Europea del Libre Comercio (AELC) o el de los países de la ASEAN; se puede empezar por las economías pequeñas. Un ejemplo sirve para ilustrar y dar dimensión al asunto. Si los países pequeños comenzaran a hacer acuerdos con terceros, por fuera del bloque, la supuesta perforación del pseudo arancel externo común, sería varias veces menor que las que hoy ya realizan las zonas francas de Manaos y Tierra del Fuego.

– Entonces ¿es posible flexibilizar?

– Esa negativa, es de ideas zombies del siglo XX, aplicadas a una mímica de un mercado común. Entonces, se trata de armonizar las relaciones externas potenciando las sinergias, pero flexibilizando para que sea verosímil concretar acuerdos. Cuando la máquina empiece a funcionar nada la parará, y no va a ser en contra de la integración regional, será lo contrario: será la construcción de ella

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