Política económica, cuando la política es un caos

La política económica nunca se plantea en el vacío, sino en un escenario internacional y un contexto político local específicos. La relación causal es unidireccional en el primer caso, fluctuante en el segundo.

En efecto, la Argentina depende del mundo, pero el mundo no depende de la Argentina. En el concierto mundial no existimos, pero mejor que, como Arturo Frondizi y Carlos Saúl Menem, interpretemos correctamente el funcionamiento del mundo para actuar en consecuencia.

En cambio, a veces la política influye poderosamente sobre la economía, y a veces ocurre exactamente lo contrario. En la Argentina 2021 la causalidad va mucho más de la política a la economía, que al contrario.

Por eso resulta patético que un periodista, inmediatamente después de terminar de conversar con un analista político sobre la relación entre el presidente de la Nación y la vicepresidenta, el escándalo del vacunagate y los eventos que ocurren en la provincia de Formosa, lo primero que le pregunta a un economista es a cuánto va a cotizar el dólar blue a fines de noviembre de 2021.

La política económica son medidas, pero también “señales” emanadas de gestos, declaraciones, etcétera, de los funcionarios ¿Quién lleva la voz cantante en política económica, aquí y ahora? Imposible saberlo, por lo cual, un elemental sentido de prudencia, quienes integramos el sector privado adoptamos nuestras decisiones en base a la peor señal que emana del Gobierno.

Cada vez que un funcionario me dice: “No te preocupes, Juan Carlos”, en función de la historia me preocupo el doble.

¿Por qué el PBI no es cero, dado el caos reinante en el plano político? Porque, afortunadamente, una porción de la población sigue trabajando, produciendo y vendiendo. No porque se haya propuesto “hacer patria”, sino por algo mucho más sencillo: porque lo necesita para vivir. Me refiero a aquellos integrantes del sector privado a quienes los ingresos no les caen como maná del Cielo, sino que los tienen que generar con su propio esfuerzo y asunción de riesgos.

Los mismos esfuerzos privados, si el Estado dejara de ser parte del problema para convertirse en parte de la solución, generarían mejores resultados. Pero esto, por ahora, está fuera del control de cada uno de nosotros a nivel individual. Por eso, a la espera de una mejora en el plano de la política-política, y de la política económica, nos “entretenemos” en sobrevivir. No es poco.

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