Advierten que el nivel de intervención del BCRA deja a las empresas sin dólares

Que el nivel de intervención oficial sobre el eufemísticamente denominado Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) era muy elevado ya se sabía. Lo que llama la atención es que alcanzó niveles inéditos en las primeras ruedas de marzo, que amenazan con ser nocivos para la actividad económica en general, aún considerando las amplias limitaciones impuestas a la demanda privada de divisas.

Según describen los operadores, el Banco Central (BCRA) pareció jugar desde comienzos del mes con una perinola marcada que, por lo general, arranca la jornada marcando un “toma todo”.

No es ilógico: el régimen de “anticipo de operaciones cambiarias”, que obliga a los bancos y operadores cambiarios a informar con dos ruedas de anticipación todas las operaciones de compra superiores a los US$50.000, le permite a la entidad tener una estimación certera de la demanda. Y al no contar aún con un saldo favorable de reservas líquidas la entidad suele privilegiar la creación de una “caja” -con la oferta privada que va a apareciendo- antes de habilitar más fluidamente a la demanda, como ya contó LA NACION.

Considerando la endeble posición de reservas netas con que cuenta el BCRA, la estrategia no luce descabellada sino realista. Incluso no hay casi analistas que cuestionen la recompra de dólares ni el declamado objetivo oficial de recomponerlas.

Pero lo que comienza a hacer ruido es que, por estos días, “se está llevando toda la oferta y no está dejando casi nada a la demanda privada”, apunta el economista Francisco Ballester, quien dirige la consultora MindY-Economics.

Los datos muestran que la primera semana de marzo se operaron US$1256 millones en la plaza oficial, de los que US$593,56 millones fueron aportados por exportadores de cereales, que volcaron la cifra más alta desde la segunda semana de enero pasado. De este total, el BCRA se habría alzado (falta el dato del viernes) con unos US$655 millones, cifra que supera al total de compras que logró realizar en febrero (US$633 millones) y, a la vez, marca que se quedó algo más del 52% de las divisas volcadas al mercado.

Para los analistas, el nivel de compras -al que estiman sostenido en bloquearle o demorarle el acceso al mercado a parte de la demanda de empresas- puede ser nocivo para la actividad económica en la medida que, además, aporta poco al objetivo de recomponer la tenencia de reservas, porque parte de lo recomprado se pierde en intervenciones sobre el mercado bursátil para mantener bajo control a los denominados dólares financieros.

De allí que crecen las presentaciones en tribunales o que aparecen quejas de los industriales. “El régimen de aprobación de SIMI (permisos) para el acceso a insumos importados no es claro y, por lo mismo, no permite que se garantice la producción de bienes en un contexto de recuperación de la actividad”, advirtió ayer la Unión Industrial Argentina (UIA).

“La escasez en la oferta de dólares realmente disponible para la actividad claramente le fija un techo a la recuperación: todo lo que dependa de divisas (que no es poco) y no pueda contar con ellas, quedará postergado o se tenderá a encarecer si algunos importadores terminan obteniendo la divisas por el mercado bursátil, porque incorporarán ese costo extra a sus precios de venta, lo que sumaría presión inflacionaria”, explica Ballester.

“El problema, además, es que el BCRA se lleva buena parte de esos dólares para poder intervenir en el mercado bursátil, mantener bajo control la brecha y generar sensación de calma. Pero buena parte de eso lo podría evitar teniendo una política monetaria más consistente que realmente premie y estimule el ahorro en pesos y apunte a reducir la inflación”, acota

“El Central está comprando ‘mucho’ no tanto porque haya mejorado genuinamente la oferta de divisas sino porque rigen a pleno las normas que endurecieron las trabas a las importaciones. De este modo, los montos por los que las empresas pueden comprar dólares oficiales se achicaron”, describe el economista Matías Rajnerman, de la consultora Ecolatina. “El riesgo es que, con una economía que retoma la actividad, más importaciones se deriven a los dólares, lo que tendría impacto sobre los precios y la inflación; o que parte se deje de importar, al no ser rentable ese dólar, provocando algunos faltantes de stock como las que ya se notan en algunos sectores”, completa en coincidencia con su colega.

Crecientes quejas

Días atrás, por caso, empresas de maquinaria agrícola denunciaron que faltan “neumáticos, transmisiones y partes electrónicas”, lo que entorpece su actividad. “El 16 se cumplirán tres meses que no se liberan importaciones de neumáticos”, reconoció Néstor Cestari, presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), pese a que desde hace varios meses vienen gestionando con la Secretaría de Industria una alternativa “para no estar tan ajustados con las entregas” y aún confía en “la firme promesa” que le hicieron de una solución.

La sensación en el mercado es que el BCRA se está llevando dólares “en exceso” para que el Gobierno pueda además postergar el acuerdo con el FMI, atendiendo el vencimiento previsto para antes de las elecciones de medio término, un entendimiento que además priva a la economía de visibilidad, dada la reticencia oficial a mostrar programas, y limita la inversión. Pero se advierte que esa apuesta tienen altos costos.

“En el Gobierno ya cuentan con los DEG que llegarían ‘de arriba’, pero representan solo el 65% de los vencimientos con organismos internacionales de crédito que vienen entre agosto y diciembre de este año. Y si se tienta con atrasar el tipo de cambio, tal como anunció, puede volverle a meter presión a la brecha, lo que lo obligaría a gastar más de lo recomprado en intervenir sobre ese mercado”, advirtió días atrás en un informe Consultatio.

Para Rajnerman es “preocupante” que la súpercompra de reservas no se está trasladando a las reservas netas, básicamente porque indica que “esta dinámica de dejar importar muy poco para que el Central compre dólares tenderá a seguir en los próximos meses”.

El economista Nery Persichini (GMA Capital) observó días atrás que, gracias a la liquidación del sector agroexportador y a la dureza del cepo cambiario sobre la demanda privada, el BCRA llevaba comprados US$970 millones (datos oficiales al 1 de marzo). “No obstante, la información oficial muestra que las reservas brutas avanzaron solamente US$230 millones en 2021, porque los dólares adquiridos por aquel concepto se diluyeron por otras ventanillas”. Además explica que esa exigua mejora se registró además “a pesar del cambio de estrategia de los bancos referido a tener menos dólares en caja y más en encajes le permitió al BCRA sumar reservas por US$858 millones”.

Lo que sucedió es que buena parte de los comprado se destinó a realizar pagos a organismos internacionales (US$499 millones, incluyendo intereses al FMI por US$315 millones en febrero), a abastecer a al sector público (US$430 millones) o a un destino nebuloso que en el balance aparece como “otros”, que detrajo nada menos que US$680 millones. “Ese rubro incluye variaciones en las tenencias de oro por movimientos del precio del metal, cambios por movimientos en el yuan que afectan el swap chino y resultados por otras operaciones de mercado. Vinculado con esto último, aquí se registra la eventual intervención del BCRA con bonos dolarizados en la Bolsa. Neteando variaciones de mercado, estimamos que fue de entre US$350 y US$400 millones. ¿Qué hace el Central con los títulos? No los conserva, sino que los vende posteriormente contra pesos para absorber liquidez. Por esta vía aspiró más de $66.000 millones en febrero, el segundo factor en importancia detrás de Leliq ($112.902 millones)”, detalló.

Para Persichini (de GMA Capital) la estrategia oficial fue eficaz, pero enfrenta riesgos en adelante, al limitar la recomposición real de reservas. “La tenencia neta, esto es, la capacidad real que tiene el BCRA para enfrentar una situación de emergencia en el corto plazo, sigue siendo muy baja. La estimo en US$2300 millones netos, una vez descontados los pasivos registrados como reservas. Y las líquidas siguen negativas”, especificó.

Pero, además, imposibilitaría que el actual proceso de reactivación evolucione hacia uno de crecimiento, lo que justifica que las proyecciones de mercado que descuenta un rebote mayor al 6% en la actividad para este año, pero que se debilita cada vez más de cara al año entrante, dado que ajustaron a la baja su previsión del 2,5% al 2,4% en el último REM (informe que elabora el BCRA).

Es que se estima que ni el rebote de los precios de las materias primas ya le alcanza al país para encarar una etapa de expansión real. “El deterioro macroeconómico es tal, sin una moneda creíble y con altos niveles de deuda, que se requerirá de más de un año de soja elevada y buen clima. Requeriríamos de una dosis adicional de fortuna que permita sostener el precio de las materias primas agrícolas en niveles elevados por mucho tiempo para lograrlo”, apuntó hoy en un informe realizado para explicar la castigada valuación de los bonos argentinos y la carrera alcista de la tasa de riesgo país la consultora Delphos Investment.

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