Marcela Losardo resiste en el cargo para evitarle un desgaste mayor a Alberto Fernández

Marcela Losardo cumplirá hoy con su agenda de ministra. Y no sabe por cuánto tiempo más. “Eso lo define él”, es su respuesta cuando le preguntan cuánto le queda en el gabinete de Alberto Fernández.

Más allá de la obviedad, Losardo hizo “un pacto” con su amigo y socio de toda la vida. Para cumplirlo, ella debe esperar callada que él, cuando menos daño le cause, comunique su salida, algo que ya se presenta como inevitable. En el entorno de la ministra hablan de una “nueva etapa” en la relación del Gobierno con el kirchnerismo y dicen que no hay espacio para ella en ese plan. Que la ministra no está dispuesta y que el kirchnerismo empuja su salida con todas las herramientas que tiene.

Quienes hablaron con Losardo en las últimas horas afirman que ella, que siempre se jactó de haber asumido “con el picaporte en la mano”, está siendo “leal a un amigo de 30 años” y que nunca va a romper, aunque sepa el desgaste que esta situación implica para ella.

Visten con cierto estoicismo la decisión de ella de cumplir hoy con su agenda, que empezó con el acto de juramento de la nueva subdirectora nacional del Servicio Penitenciario en la sede del Ministerio de Justicia, y sigue con el gran acto en la Casa Rosada con el Presidente y los gobernadores de todo el país. Hasta ayer, la ministra no era parte de ese acto, pero el Gobierno decidió sumarla. Y la sentó en la primera fila, junto al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y al gobernador bonaerense, Áxel Kicillof.

Losardo, en tensión con el kirchnerismo duro, ya dejó una vez el Ministerio de Justicia. Fue en 2009. Era secretaria de Justicia cuando Fernández era jefe de gabinete y Cristina Kirchner ordenó que le pidieran la renuncia cuando Fernández, que se había ido del Gobierno, se convirtió en un crítico feroz.

Losardo fue siempre, para los tribunales, la cara más amable de Alberto. Tanto es así que después de que dejó el gobierno kirchnerista, ella siguió siendo invitada, cada diciembre, a la cena de la Asociación de Magistrados. Y siempre asistió. Esa relación con el “establishment judicial” es hoy uno de los puntos que le facturan en el ala cristinista del Gobierno. Sostienen que las declaraciones del fiscal Carlos Stornelli de un supuesto llamado de solidaridad de la ministra hacen insostenible su situación.

El presidente de la Asociación de Magistrados, Marcelo Gallo Tagle; el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, y la ministra de Justicia, Marcela Losardo, en la comida de la Asociación de Magistrados de diciembre pasado
El presidente de la Asociación de Magistrados, Marcelo Gallo Tagle; el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, y la ministra de Justicia, Marcela Losardo, en la comida de la Asociación de Magistrados de diciembre pasadoDaniel Jayo – Archivo

Losardo y Fernández son amigos y socios de toda la vida. Se conocieron en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Losardo era compañera de quien fue la primera mujer de Fernández, la madre de su hijo, Marcela Luchetti. De aquella boda, la futura ministra de Justicia fue testigo. Y Fernández fue testigo también del casamiento de ella con el escribano Fernando Mitjans, miembro del Tribunal de Disciplina de la AFA.

Cuando se fueron del gobierno de los Kirchner, reactivaron el estudio de la avenida Callao. Lo reabrió Fernández, que desde allí hacía un newsletter para empresarios. Después se sumó Losardo. Fue ella quien siempre se dedicó más a lo jurídico. Por ahora, el estudio está cerrado y las oficinas, desmanteladas.

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