La política de la oficina. El tabú del que nadie quiere hablar

“La política es inevitable en cualquier lugar en el que haya gente vinculada de alguna manera. No bien se juntan tres personas vas a tener a dos haciendo política para ver que hacer con la tercera”, asevera Constanza Bertorello, CEO de Pernod Ricard Argentina. A pesar de que las evidencias avalan esta opinión, cada vez que se menciona la palabra “política” en una organización, todos miran para otro lado. Es una de esas cosas de las que no está bien hablar. Nadie quiere quedar pegado a conceptos como “poder”, “corrupción”, “trenzas”, “preferidos”, “maquiavelismo”, “manipulación”, “traición”, “lobby”, “redes oscuras” y otros anatemas, componentes tradicionales del “juego político”.

A pesar de todo, la política en la empresa existe, es una realidad tangible; ignorarlo sería naif. Ana Renedo, socia de MR Partners, comenta que “hay luchas políticas porque en las organizaciones hay disputa por recursos escasos, básicamente la plata”. Aunque existen otros disparadores, como las diferencias de opiniones o la toma de decisiones, el dinero está siempre detrás de la política.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que la política sirva para generar valor? ¿Cómo entrar en el juego sin caer en aberraciones? ¿Hay formas legítimas de hacer política? ¿Es posible apalancarse en la política para crecer en la carrera? En síntesis, ¿qué se puede hacer para sobrevivir a la política? Trataremos de responder algunos de estos interrogantes.

“La ‘mala’ política limita tu capacidad profesional”, continua Bertorello, “porque limita tu capacidad de hacer. En un ambiente con mucha política, tenés que andar en puntas de pie para no pisar la cancha de otros. Aunque política va a haber siempre, hay que mantenerla a un nivel que no le destruya valor a la organización”. En la misa línea, German Greco, CEO de Motorola Argentina, plantea: “Una parte importante de la política es el fair play, no sirven los logros conseguidos rompiendo reglas. A la larga o a la corta, se te vuelve en contra. Para hacer política tenés que tener prestigio, y si te creas la fama de tramposo, no vas a llegar muy lejos”.

Antonio Aracre, CEO de Syngenta, sugiere que encontrarse en un ambiente en el que prime la política puede ser muy frustrante, “en especial para un joven profesional que está empezando su carrera lleno de ilusiones y que encuentra que sus fuerzas y su intelecto no son suficientes para crecer”. A pesar de eso, se muestra esperanzado porque “hoy la política en muchas empresas no tiene el grado de virulencia que tenía hasta hace algunos años. Ya no es el obstáculo que veíamos antes. Hay más consciencia sobre los daños que puede causar”.

Las tramas del poder

“Poder” es una palabra temida. Consciente o inconscientemente, se lo asocia con autoritarismo, con coerción, con manipulación, con abuso… Rompiendo con estos prejuicios, para Bertorello, el poder es una palabra sana, “no hay que tenerle miedo al poder ni a la ambición de poder. Sin poder y sin autoridad no podés hacer nada. El tema primordial es comportarse éticamente, tener siempre presente la gran responsabilidad que viene asociada con la manera de ejercer poder”.

Aunque contradiga viejas creencias populares, la falta de poder corrompe. Sin poder no se tiene independencia para hacer lo que está bien para la organización. “Lo tuve que hacer porque no tuve más remedio” es la explicación más difundida de muchos actos atroces que se cometieron en la historia. La “obediencia debida” no es más que un eufemismo para denominar la falta de poder.

Para Aracre, es muy importante “leer” lo que está pasando en la organización. “Hay que trazar un mapa de la realidad organizacional. Algunas personas tienen dificultad para identificar dónde está el poder real –formal o informal–, y por lo tanto, sus estrategias de aproximación a las personas con influencia son erradas. Leer el mapa del poder también es una habilidad que se debe desarrollar”. Por su parte, Renedo considera que ese conocimiento es también necesario para identificar a las personas que están en posición de decidir sobre las carreras de otros. De acuerdo con su experiencia, “al comienzo de una selección priman las capacidades del candidato, pero a medida que van quedando pocos, surge la influencia de los que tienen el poder de decidir. Al final del día, sponsor mata CV”. Tener aliados poderosos es un capital social que no se debe despreciar.

El mapa del poder permite, también, identificar a quiénes conviene acercarse. Para Aracre “el surgimiento de bandos es parte de la esencia de la política”. A veces, hay que elegir algún lado para no quedar afuera, pero –para Renedo– hay que tener cuidado porque los grupos son dinámicos, y los que tienen poder hoy pueden ser despedidos mañana: “No hay que poner todas las fichas en un solo lugar. La lealtad ultranza es peligrosa”. Sobre el tema de la lealtad, Bertorello sostiene: “La única lealtad debe ser con la compañía. Nunca hay que olvidar que es esta la que nos paga el sueldo”.

Muchos piensan que hacer política es una pérdida de tiempo, pero Greco identifica a la política con el networking: “La política que tenés que hacer para poder subsistir. No hay que tenerle miedo al ‘lobby’, en el sentido de armar una red de contactos para estar cerca del poder, para que te tengan en cuenta. Eso sí, no hay que caer en la adulación barata”. Desde otra perspectiva, el mismo Greco dice que el principal networking debe ser con los compañeros de equipo, una suerte de política horizontal: “Prefiero que sean sus pares los que me digan que alguien es bueno. Si estás mirando solo al jefe y peleándote con los pares, la cosa no va a funcionar”.

Imagen y exposición

Toda carrera exitosa tiene algunos componentes imprescindibles. Ante todo, las capacidades y los resultados: “… commodities que tenés que tener a la fuerza si querés avanzar”, sugiere Aracre. Luego la imagen, que no es necesariamente narcicismo (aunque en las organizaciones no faltan los que festejan el día de los enamorados solos frente al espejo). Por último, la exposición. “Hay prepararse y aprovechar los pocos momentos en que tenés la oportunidad de ser visto por las personas influyentes, de otra manera, todo el esfuerzo será en vano”, concluye Aracre.

La política es parte sustancial de cualquier organización. Como muchos han podido experimentar, existen algunas donde la política, en el peor sentido del término, es lo natural. Son lugares en los que se vive una lucha despiadada, un todos contra todos, donde los miembros solo están preocupados por sus intereses particulares. Hay que tener un estómago especial para tolerar eso.

En consecuencia, a menos de estar dispuesto a consumir cantidades masivas de antiácidos o de ser el mejor discípulo del viejo Maquiavelo, no hay que ilusionarse con ganar el juego político en esos ambientes. En ese caso quedan dos caminos posibles: resignarse, bajar la cabeza y ponerse a trabajar, o buscar la salida de incendios más cercana.

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